Sólo contaré una parte de él. Estoy manejando camino a casa, pero manejo un camión como de escuela, gigantesco, y están puestas unas cortinas en el parabrisas que me impiden ver la calle, estoy avanzando a puro tanteo a partir de los ruidos que escucho afuera. Luego estoy más bien acostada en este camión y las cortinas son las telas en mi techo y yo quiero moverlas y medio busco donde tengo que jalar para recorrerlas, sobretodo porque yo al principio creo que no requiero de ver para manejar, pero después recuerdo que para manejar no basta con saber cuando avanzar y cuando frenarse, sino que hay que considerar las curvas y esas sí no las puedo predecir. En el camino me encuentro a Oscar (no Oscarajo, sino Oscarito, si a alguien le dice algo eso) que al mismo tiempo es Franjo y me lleva por un hotel en el que trabaja y pasamos por atrás de él, que es la parte de la cocina y yo tomo ahí un pedazo de masa con el que empiezo a jugar. Oscar-Franjo me dice que no me preocupe, que estoy a diez minutos de mi casa. Llego a mi casa no sé cómo y tengo las manos en la masa (jaja culpable) y estoy buscando algo y me doy cuenta de que en la masa está mi pila de celular y que mi oso hada que también tenía en mis manos está hecho trizas. Fin. Luego pasan más cosas pero esas no las contaré aquí.
Lo más curioso es que tengo la intuición (no estoy segura) de que ya había soñado previamente con eso de manejar con cortinas. Revelador.

1 comentario:
Me comenzaba a preguntar cómo es que Nerea llenaba las ciberpáginas con tantos textos, y además de calidad. Finalmente, la marginada es la posición que le hace interesante.
Publicar un comentario