viernes, 14 de septiembre de 2007

Fidelidad II

Recibí dos quejas con respecto al texto que recibe el nombre de Fidelidad publicado en este blog, y las dos apuntaban hacia el mismo lugar: aparentemente, no queda claro la distinción de cuerpo y alma. Si se parte de la creencia de que son dos cosas distintas no por eso se pueden tratar por separado ya que la una y la otra nunca se abandonan. Si se parte en cambio de que no hay tal cosa como alma y sólo hay cuerpo, entonces al ser sólo cuerpo estás todo tú en cualquier contacto físico y por tanto el alma (ahora el “yo”) se arriesga o se involucra, necesariamente, en el proceso. Así que hay que decirlo así: sí, el alma (o el yo o lo que sea) también se juega entre caricias. Pero creo que lo que subestimamos es su gama de posibilidades. Como si sólo se pudiera abrir de una manera, como si sólo pudiera sentir de una manera. Eso es mentira. Las posibilidades de la sensibilidad y de la emoción son infinitas y cada una puede tener su lugar y ese lugar puede no atentar contra ningún otro.