viernes, 22 de junio de 2007

De bosques y edénes.

Érase una vez una niña que en un sueño una hada madrina le dijo: "Encontrarás el éden". Y a la mañana siguiente, la niña salió a buscarlo. Mas, lo que había a su alrededor distaba mucho de ser un edén, era un bosque más bien tenebroso, oscuro, lleno de criaturas salvajes y miedos materiales. Sin embargo, la niña era persistente, y en vez de regresar a su hogar pinche y pestilente, siguió su camino por el bosque y se fue acostumbrando, poco a poco, al temperamento monstruoso de aquel bosque, hasta que, poco tiempo después, dejó de temerle por completo. Caminaba en línea recta, todos los días, desde la salida hasta la puesta del sol. Y así creció la niña, caminando, hasta que, con el paso del tiempo, olvidó lo que le dijo aquella hada madrina y dejó de creer en el edén prometido. El bosque ya no sólo le era no tenebroso, sino que le era familiar y amigable, mas un bosque todavía. Y así envejeció la niña, ya no niña, y se fue aproximando hacia la muerte. Hasta que un día, en su lecho final, entre las hojas reposaba y tuvo de nuevo el mismo sueño: el hada madrina le enseñaba el edén que le había prometido cuando era niña. De pronto, la niña anciana se llenó de melancolía y por primera vez en su vida tuvo ganas de llorar: descubrió, que aquel bosque había ido mutando poco a poco hasta convertirse en el edén prometido; mas ella, en su ceguera, no lo pudo ver nunca, y por tanto, no lo pudo disfrutar nunca, y estuvo en el edén sin estarlo y ahora moriría en un bosque tenebroso y oscuro, lleno de criaturas salvajes y miedos materiales...

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