Con una madre de tan transparente histeria, qué podíamos esperar de su criatura. Hoy, mientras manejaba, rastreaba aquellos momentos de mi vida en los que se empezaba a gestar mi histeria, técnica efectiva de control: dar sin que se vea que has dado para que te den y al momento de darte tú negar que diste alguna vez y llevarte así todo el premio de lo dado por el otro. Cachaí?
Y hasta ahí todo bien, por algo hacemos lo que hacemos, pero el problema no está en la estructura psíquica elegida (o destinada), que esa como quiera se sobrelleva, produciendo una angustia tolerable como lo produciría de todas formas cualquier otra estructura. No, el problema en todo caso está en la ruptura de esa estructura, o el deseo de la ruptura, al menos. Una de dos: o niegas el deseo del todo: no das nada porque intencionalmente no quieres darlo o porque el riesgo de reconocer que has dado no lo amerita, no es económico, o, por el contrario, darlo y gritar que lo estás dando, violentar al otro con la explicitación más vulgar de tus deseos, dotándolo de una visibilidad privilegiada de lo que estás dando. Por esa opté yo. Que sepa el mundo que deseo, préstenme altavoz o cámara, préstenme un micrófono que me quiero desnudar ante ustedes, coño, siéntate cabrón que mira que te amo. Pero tan rudimentario método de reafirmación por supuesto, acababa ahogando la mayoría de las posibilidades, o peor aún, acababa lividinizando el deseo tanático al punto tal que mi necedad era perseverancia y mi falta de dignidad amor. Chale, ¿no? Lo curioso es que al querer recobrar un lugar de control o de poder, regresa la histeria de la que tanto he huído. Sí pero no. No te quiero pero no te vayas. Damn, damn, damn.
Si tan sólo aprendieras a dejar ir, Mariana. O a dejar llegar, pa'l caso. The same shit. Qué arma de doble filo el deseo del otro y el deseo del deseo del otro, y el deseo de uno. Puedo ser sincera voluntariamente, pero no puedo ganar, y es por ello que tengo que dejar de desear ganar, que ahí es donde se juegan las peores artimañas. Pero al final de eso se trata todo, castración amigo mío. Castración es emancipación. Basta entonces con agradecer que tengo a lo que amo y dejar ir a todo lo demás, reflejo de mi infinidad de carencias.
Y hasta ahí todo bien, por algo hacemos lo que hacemos, pero el problema no está en la estructura psíquica elegida (o destinada), que esa como quiera se sobrelleva, produciendo una angustia tolerable como lo produciría de todas formas cualquier otra estructura. No, el problema en todo caso está en la ruptura de esa estructura, o el deseo de la ruptura, al menos. Una de dos: o niegas el deseo del todo: no das nada porque intencionalmente no quieres darlo o porque el riesgo de reconocer que has dado no lo amerita, no es económico, o, por el contrario, darlo y gritar que lo estás dando, violentar al otro con la explicitación más vulgar de tus deseos, dotándolo de una visibilidad privilegiada de lo que estás dando. Por esa opté yo. Que sepa el mundo que deseo, préstenme altavoz o cámara, préstenme un micrófono que me quiero desnudar ante ustedes, coño, siéntate cabrón que mira que te amo. Pero tan rudimentario método de reafirmación por supuesto, acababa ahogando la mayoría de las posibilidades, o peor aún, acababa lividinizando el deseo tanático al punto tal que mi necedad era perseverancia y mi falta de dignidad amor. Chale, ¿no? Lo curioso es que al querer recobrar un lugar de control o de poder, regresa la histeria de la que tanto he huído. Sí pero no. No te quiero pero no te vayas. Damn, damn, damn.
Si tan sólo aprendieras a dejar ir, Mariana. O a dejar llegar, pa'l caso. The same shit. Qué arma de doble filo el deseo del otro y el deseo del deseo del otro, y el deseo de uno. Puedo ser sincera voluntariamente, pero no puedo ganar, y es por ello que tengo que dejar de desear ganar, que ahí es donde se juegan las peores artimañas. Pero al final de eso se trata todo, castración amigo mío. Castración es emancipación. Basta entonces con agradecer que tengo a lo que amo y dejar ir a todo lo demás, reflejo de mi infinidad de carencias.

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