sábado, 14 de abril de 2007

Amar es perseverar

¿Qué es amarse sino un querer estar en presencia de sí mismo para gozar de sí?
-San Agustín-
Salió en clase, a propósito de San Agustín hablando del amor y de un dato culto digresivo sobre Spinoza por parte del profesor, la frase: amar es perseverar. Es decir, amar es desear la distensión de algo en el tiempo, y motivarla. Si yo me amo a mí mismo, lo que quiere decir es que yo quiero seguir siendo yo en el discurrir del tiempo. Pero pensémoslo también respecto a un otro y la conclusión resulta aún más interesante, pues, independientemente de un supuesto sentimiento frente al otro [como se entiende habitualmente el concepto de amor], lo que valida al amor como tal no es eso, sino el acto voluntario de darle materialidad, continuidad a lo largo de un período de tiempo. La emoción vertical, la que nos quita el aliento, no es decidida en ninguna medida, sino que nos pasa, nos atraviesa, nos atrapa; pero en cambio, el tránsito de esta emoción a un plano horizontal, temporal, esa sí que es decidida, y en tanto decidida, perseverantemente verdadera.
No sé por qué me gustó tanto esa frase que una vez desarrollada no me parece en absoluto novedosa o sorprendente, quizás es únicamente porque simplifica un poco la percepción y el juicio respecto a los trillados conflictos amorosos: hay veces en la que ya no quieres seguir, y es falta de amor en tanto que falta de perseverancia, mas no en tanto que rechazo intrínseco al otro. Es decir, cuando le asignamos toda responsabilidad y consecuencia a la emoción en bruto, la carga es insoportablemente pesada, y la resolución teórica es improductiva e interminable; pero en cambio, cuando reconocemos que no sólo hay emoción sino que también hay tiempo, el desarrollo es muy distinto, pues entiendes que todo es discurrir y que no perseverar no es no haber amado.

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