sábado, 29 de septiembre de 2007
Sueño
viernes, 14 de septiembre de 2007
Sueños
Contaré dos sueños sobre la misma persona. Debí de haberlos escrito antes, porque ya no los recuerdo tan bien, pero no importa, porque lo importante de ellos está en sentido que se les puede dar o la emoción que me dejaron y no el sueño en sí y por sí.
Sueño 1
Hay una fiesta con un viejo grupo y voy. Yo no soy ellos y me siento mal por eso, porque yo no he sido los otros con la excusa de que yo era ellos y ahora soy nadie. Estoy triste y me siento desadaptado. Me siento también encerrada en mí y en lo que temo ser. Lloro mucho, estoy muy alterada y camino huyendo de la gente a la orilla del mar (estamos en la playa). Se acerca aquel chico a consolarme. Hablamos de por qué no hemos hablado durante estos dos años y los dos concordamos en que fue lo mejor y al concordar recaemos en la dinámica de antaño: somos cercanos y unidos, y no hay dato del mundo (como no habernos llevado durante dos años) que refute esa tesis. Hablamos y me consuela. Me siento comprendida y escuchada. Se convierte de nuevo en mi Diablo Guardían. Él está de cunclillas de mi lado derecho. Yo estoy sentada mojándome con las olas que vienen y van.
Lo revelador fue lo acogida que me sentí al despertar. Esa emoción, esa emoción que él provocaba en mí, ese ideal que hacía que todo valiera la pena, renacido por un segundo solamente pero real.
Este sueño fue el que me inspiró para escribir marchitaciones. Pero marchitaciones no sólo trata sobre él sino también sobre él (bis). Porque él, el chico de la playa, tiene su doble en alguien de mi presente, y cuando sueño con uno es como soñar con el otro y cuando caigo en uno es como caer en el otro, es como un dolor profundo que esclaviza y que se sostiene sólo en el sueño de que un sueño como aquél es verosímil y de que ellos pueden ser amorosos y desinteresados, cosa falsa.
Este es del miércoles o el jueves. Me reencuentro con el chico de la playa. Por Internet, creo, y me invita a ir a su casa. Pero en su invitación yo sé que él no está siendo bueno, creo que hasta grosero y mamón es. De todas formas voy. Su cuarto es de colores vivos, yo siempre lo he relacionado con los colores vivos: azul rey, rojo auto. Cuerpeamos. (Es fuerte desde la palabra, tan propia del tiempo: cuerpeamos) Creo que desde el principio la invitación era para eso. Cuerpeamos y luego yo me voy y cuerpeo con más gente, con tres o cuatro. En algún momento estoy haciendo un recuento de las personas con que he cuerpeado y él se me olvida (jeje un acto fallido en un sueño, doble mecanismo psíquico inconsciente, qué duro). Y él me reclama o sólo me vuelve a invitar a cuerpear y yo me doy cuenta del absurdo de todo y lo veo por primera vez como un desconocido y como un imbécil. Y me doy cuenta de que ya no hay más, de que todo ha acabado.
Lo fuerte es haberlo soñado, porque pensado desde siempre. Como que soñarlo es internalizarlo. Y en este caso sí se trata enteramente del él (bis) y no de él aunque haya sido su cara y su cuarto y sus colores. Es sólo un cansancio y un absurdo. Es sólo una lápida y juro que esta vez tiene nombre.
viernes, 27 de julio de 2007
Más sueños
Tuve otro sueño después en el que estaba en un equipo de coreografía con la Nemesis, ¿qué pedo? Jajaja lo de la coreografía tiene la culpa Puffy, si es que lee esto. Pero de nuevo lo revelador fue despertar, la cara de la Nemesis era otra a la real, y todo en general era otra cosa, era un sueño y era irreal y de pronto sólo sentí las ganas de lavarme las manos de todo el problema y de olvidarme de todo lo que la implicaba porque nada tenía que ver conmigo ni con la realidad, y es que volvemos: yo con ella qué!?
El último sueño que contaré es uno en el que Luis (ese sí será llamado por su nombre, ya qué jeje) primero se intercambiaba un examen de historia con una chica (Elena Vidal) y luego no me quería pasar las respuestas y yo me hacía la muy digna y ni me esforzaba por conseguirlas y al final del examen no lo esperaba y me iba en un bocho, pero era casi como si eso fuera lo que desde el principio había estado buscando o algo así.
viernes, 27 de abril de 2007
Sueño 2 - Simulacro del simulacro
sábado, 7 de abril de 2007
Sueño 1 - Perder lo que nunca fue mío
El sueño que en esta ocasión nos atañe -el que soñé hace unas horas- no está bien articulado en mi memoria, así que en vez de pretender contar una historia malograda, sólo me ocuparé de las escenas o símbolos que causaron mi impresión y reflexión.
Escena número 1.- Yo me he tatuado, en la espalda baja, tres grandes letras en negro: URK. No sé qué significan, pero están en grande, con una fuente más bien tosca y grande, y representan algo así como un anagrama significativo, estoy viéndolo, pero no estoy convencida de haberme tatuado la mejor opción. Llega un sujeto, llamémosle sujeto Q. Mira mi tatuaje y yo, insegura, le pregunto si le parece auténtico o algo así, y él me dice: "a ver, déjame verlo" y por las letras me dice que no, que no lo es tanto. Y yo sé que lo está diciendo en base a cierta cabalística pero que implícitamente (no hay diálogo al respecto) nos hace sentido a ambos, y yo, dándole la razón, pienso en la artificialidad de la u y de la k, por inusuales, como en una pretensión falsa de "originalidad" (que ahora ya despierta se me ocurre relacionar más la u con el sujeto U, pero no sé qué tanto se pueda hacer tal relación). A partir de eso pienso en lo auténtico de la vocal que yo había despreciado por común, la a, y quiero algo con a, y pienso en tatuarme un alfa con un circunflejo arriba (?). Lo curioso es que me tallo y se me quita el tatuaje, no sin esfuerzo pero sí con relativo éxito, y me alivia la posibilidad de remendar mi error. Eso me trae dos referencias, la primera, la del sujeto U simbolizado por el tatuaje (en sus tiempos tenía sueños constantes en los que yo me tatuaba y había mucha angustia de por medio), y la segunda, la de mi propio tatuaje (el que me quiero hacer) que es la materialización de algo dentro de mí, pero la necesidad de cerciorarme de que existe y algún pánico frente al desvanecimiento del ideal o el sueño.
Escena número 2.- es la misma escena pero es otra. El sujeto Q está hincado a mis pies y yo estoy en calzones (no sé que traigo arriba), la idea del tatuaje en mi espalda baja sigue estando presente, pero en la parte lateral de mi pierna izquiera y subiendo hasta los inicios de mi vientre (también lateralmente) tengo un montón de granos que son medio espinillas pero medio piquetes también de algo venenoso, que necesita ser extirpado (como se extirpa una espinilla) y el sujeto Q las está extirpando por mi y besándolas, no sé si extrayéndoles el veneno. Lo fuerte de esa imagen es su carga erótica aun si, en sentido estricto no es algo digno de eroticidad o belleza, sino por el contrario, debiera ser casi vergonzoso. Pero no lo es, es, en cambio una imagen dolorosamente emocional, poderosa, incluso todavía ahora su recuerdo me estremece, no sé en qué consista, quizás en la aceptación que el otro tiene frente a eso que no es bello en mí, que es venenoso, y su respuesta de cuidarme, de salvaguardarme, de besar eróticamente eso, como aceptando que es parte de mí. Otra cosa que me inquieta es el sujeto Q en sí, protagonista de moda en mis sueños últimamente. Me inquieta porque no sé qué figura representa, no sé cuál es la transferencia, pero sé que hay una, porque funciona no como funcionaría su referente material (el sujeto Q), sino como una figura simbólica que yo sé que obedece más a mi propia estructura psíquica y no a lo que sé de él, porque incluso mi emoción al respecto, en mis sueños, es una emoción familiar, como si sólo hubiera habido un desplazamiento de objeto. Aun así, he de reconocer que mi reacción frente a eso es de alivio, porque la forma en la que yo significo al sujeto Q ya en un estado consciente es francamente inofensiva, agradable inclusive, mientras que la forma de significar al anterior objeto era francamente angustiante.
Escena 3.- Es de noche y se hace de día, yo estoy en un conflicto interno sobre si ir o no a hacer ejercicio, al final no voy pero sin querer, se me hace tarde, algo tiene que ver un reloj que no tiene el horario de verano. Se me cae un cabello, o más bien me lo arranco, pero al arrancármelo sale con todo y raiz, una especie de popote duro y largo, más grande que el cabello mismo. Me queda un hueco en la cabeza, pequeño, pero hueco. La gente desconoce la causa de eso, pero le simporta poco, sólo a mi me angustia. Es uno de mis argumentos para no ir a hacer ejercicio, temo que el sudor se meta en el hueco en mi cabeza. No voy y está amaneciendo. Estoy en la calle de mi casa, alguien me espera, es el sujeto P. Entro a una casa pero esa ya no es mía, dejo al sujeto P esperando. Es la casa de Paulina, que a esa sí le dejaremos el nombre.
Escena 4 (es la misma que la 3, dividida sólo por pragmatismo).-Entro al cuarto de Paulina y quiero cambiarme, y veo en el clóset mucha ropa que me es bastante familiar, y es ropa suya pero que yo usé alguna vez, que incluso tuve en mi casa por mucho tiempo. No sé qué ponerme porque todo me seduce en sus recuerdos, hay una blusa en particular que me llama la atención, rosa y aterciopelada. Siento una melancolía por haber perdido eso, eso que nunca fue mío. Pero al despertarme esa emoción se intensificó: perder lo que nunca fue mío. Porque tiene una doble articulación: la primera es esa identidad prestada o algo así, esa cosa valiosa que de entrada no me pertenecía, la segunda es que esa blusa, corresponde a un vestido de una barbie que tuve alguna vez. O sea, esa prenda (con sus cambios) sí existió y sí fue mía, pero para mi muñeca. Es decir, en la evolución del recuerdo, la añoranza por aquello que se perdió acabó distorsionando la pérdida real, la pérdida de un vestido de barbie y punto. Pero el dolor actual de la pérdida es equivalente a si lo que hubiera perdido hubiera sido una blusa para mí, o sea, algo más grande o importante, es una reconstrucción alucinatoria de la falta, y por tanto es insatisfacible. Eso me recuerda de nuevo al sujeto U, vestido de barbie mutado en mi imaginación a una blusa y yo desnuda creyendo que de tener ese puto vestido de barbie estaría abrigada. Mentira.
