Y periodicamente regresan las ansias, las ansias de nada, las ansias de todo. Recuerdo que cuando era niña quería ser cocinera, masajista, paramédica y misionera. Luego quise ser escritora y creo que ahí me quedé trabada. Pero con el paso del tiempo, es evidente, cambiamos cantidad por calidad, y en la acción reducimos nuestro campo de potencialidades; ahora que somos más, podemos ser menos. Esa disyuntiva es en la que me encuentro ahora, donde decidir se presenta sólo como la formulación positiva de renunciar; y aunque naturalmente hay una ganancia también, esa ganancia es hasta ahora todavía difusa.
¿De qué estoy hablando? Hablo de que en un año termino de estudiar filosofía. Yo soy de esas personas que no hacen carreras sino carreritas, y antes de mi vigésimo segundo cumpleaños, ya habré acabado mi primera carrera. Y aquí es donde todos nos preguntamos: ¿y luego? Y luego no sabemos. Esa prisa por acabar es la materialización más evidente de las ansias de nada. Cual niño que quiere crecer y se pone el saco de papá, cual niña que quiere ser cocinera, masajista, paramédica y misionera cuando sea grande. Creo que estudiaré Literatura Latinoamericana. Hoy fui incluso a hablar con el coordinador de la carrera en la UIA. Y me cayó muy bien y me emocionó mucho, pero al mismo tiempo me puso en duelo. Siento que no puedo ganar ésta sin perder, aunque ¿qué pierdo?
Creo que son dos cosas básicamente:
1.- La tan tentadora idea de la emancipación, al menos económica. Si me quedo en la UIA tengo que seguir viviendo con mi tan desafortunado remordimiento de clase y con el peso de saber que mis padres me pagan, con gran Amor, Esfuerzo y Dedicación, la carrera, lo cual me es atormentador. Podría estudiar en otro lugar, ustedes dirán, y sí, eso sería lo ideal en otro mundo posible, (recuerdo, como dato curioso, que al inicio de mi carrera incluso soñaba que estudiaba en la UNAM, para que se vea el énfasis en mi deseo,), pero el problema es que en la UIA (además de que me gusta y que la considero buena, reconozcámoslo) me revalidarían lo equivalente a casi cuatro semestres, de manera que podría hacer la carrera en la mitad del tiempo, y eso pues es una ganga a considerarse.
2.- Esta estaba sugerida en el primer párrafo: entre más pasa el tiempo, entre más tomo decisiones, tengo que renunciar poco a poco a otras cosas que deseo hacer. O sea, no puedo estudiar cinco carreras o cosa por el estilo, y en ese sentido escoger Literatura es reconocer por ejemplo que nunca estudiaré Psicología y eso es siempre doloroso. Aunque quizás aquí hace falta separar las vocaciones auténticas de las inauténticas. El conocimiento psicológico me interesa mucho de forma teórica, pero soy muy egoísta para ejercer como terapeuta, me interesa para aplicarlo para mí y nada más, y visto así pues mejor ser un paciente y se acabó. Sea como sea, saberlo no aminora el duelo.
Colateralmente, creo que debo trabajar en mi neurosis obsesiva y dominar más mi ansia de nada. El problema es que todavía me creo capaz de todo, y así pues tengo todas las de perder, pues no hay manera de ganar en todos los ámbitos siempre. Mañana será Letras pero pasado ya habrá que hacer maestría, y así nos seguimos ad infinitum, siempre insatisfechos.
Por último, les agrego mis otras vocaciones frustradas o hobbies por desarrollar o habilidades por adquirir:
- Psicología, ya lo dijimos, psicoanálisis en específico.
- Teatro, sería tan feliz haciendo teatro, aunque sea de forma informal.
- Aledaños del teatro jaja cualquier lugar en el que pueda sacar mi exhibicionismo, me gustan los escenarios, jajaja me gustó mucho ser clown por ejemplo, o participar toda mi vida en concursos de oratoria (terrible!) o ser modelo de bodypainting (desnudarme frente a una cámara, yay!), esas cosas.
- Lenguaje de sordomudos, es algo que no puedo no aprender, muero de ganas.
- De mis vocaciones de niña, la que gana es la de masajista, jeje yo sería feliz.
- Más idiomas: terminar de adquirir francés y portugués, aprender italiano, alemán también, aunque ese último me da mucha hueva.
- Piano, me hubiera gustado aprenderlo, aunque ese sí está en mis hubiera, dudo hacerlo.
Y ya, si luego se me ocurren más les digo.
¿De qué estoy hablando? Hablo de que en un año termino de estudiar filosofía. Yo soy de esas personas que no hacen carreras sino carreritas, y antes de mi vigésimo segundo cumpleaños, ya habré acabado mi primera carrera. Y aquí es donde todos nos preguntamos: ¿y luego? Y luego no sabemos. Esa prisa por acabar es la materialización más evidente de las ansias de nada. Cual niño que quiere crecer y se pone el saco de papá, cual niña que quiere ser cocinera, masajista, paramédica y misionera cuando sea grande. Creo que estudiaré Literatura Latinoamericana. Hoy fui incluso a hablar con el coordinador de la carrera en la UIA. Y me cayó muy bien y me emocionó mucho, pero al mismo tiempo me puso en duelo. Siento que no puedo ganar ésta sin perder, aunque ¿qué pierdo?
Creo que son dos cosas básicamente:
1.- La tan tentadora idea de la emancipación, al menos económica. Si me quedo en la UIA tengo que seguir viviendo con mi tan desafortunado remordimiento de clase y con el peso de saber que mis padres me pagan, con gran Amor, Esfuerzo y Dedicación, la carrera, lo cual me es atormentador. Podría estudiar en otro lugar, ustedes dirán, y sí, eso sería lo ideal en otro mundo posible, (recuerdo, como dato curioso, que al inicio de mi carrera incluso soñaba que estudiaba en la UNAM, para que se vea el énfasis en mi deseo,), pero el problema es que en la UIA (además de que me gusta y que la considero buena, reconozcámoslo) me revalidarían lo equivalente a casi cuatro semestres, de manera que podría hacer la carrera en la mitad del tiempo, y eso pues es una ganga a considerarse.
2.- Esta estaba sugerida en el primer párrafo: entre más pasa el tiempo, entre más tomo decisiones, tengo que renunciar poco a poco a otras cosas que deseo hacer. O sea, no puedo estudiar cinco carreras o cosa por el estilo, y en ese sentido escoger Literatura es reconocer por ejemplo que nunca estudiaré Psicología y eso es siempre doloroso. Aunque quizás aquí hace falta separar las vocaciones auténticas de las inauténticas. El conocimiento psicológico me interesa mucho de forma teórica, pero soy muy egoísta para ejercer como terapeuta, me interesa para aplicarlo para mí y nada más, y visto así pues mejor ser un paciente y se acabó. Sea como sea, saberlo no aminora el duelo.
Colateralmente, creo que debo trabajar en mi neurosis obsesiva y dominar más mi ansia de nada. El problema es que todavía me creo capaz de todo, y así pues tengo todas las de perder, pues no hay manera de ganar en todos los ámbitos siempre. Mañana será Letras pero pasado ya habrá que hacer maestría, y así nos seguimos ad infinitum, siempre insatisfechos.
Por último, les agrego mis otras vocaciones frustradas o hobbies por desarrollar o habilidades por adquirir:
- Psicología, ya lo dijimos, psicoanálisis en específico.
- Teatro, sería tan feliz haciendo teatro, aunque sea de forma informal.
- Aledaños del teatro jaja cualquier lugar en el que pueda sacar mi exhibicionismo, me gustan los escenarios, jajaja me gustó mucho ser clown por ejemplo, o participar toda mi vida en concursos de oratoria (terrible!) o ser modelo de bodypainting (desnudarme frente a una cámara, yay!), esas cosas.
- Lenguaje de sordomudos, es algo que no puedo no aprender, muero de ganas.
- De mis vocaciones de niña, la que gana es la de masajista, jeje yo sería feliz.
- Más idiomas: terminar de adquirir francés y portugués, aprender italiano, alemán también, aunque ese último me da mucha hueva.
- Piano, me hubiera gustado aprenderlo, aunque ese sí está en mis hubiera, dudo hacerlo.
Y ya, si luego se me ocurren más les digo.

1 comentario:
Quién para dar consejos. Pero, por què no te piensas una beca de creadora. Sirve que te enteras del pantano que es la literatura en México. Saludos.
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